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Domingo sangriento

El “Domingo Sangriento” de 1905, en Petersburgo, constituyó un hecho doloroso, gestado por los agentes abiertos y encubiertos de la policía zarista, cuyas lecciones han sido recogidas por el proletariado ruso y mundial en su lucha contra el capitalismo.

Para 1904, la policía zarista crea con la ayuda del cura Gapón, uno de sus confidentes, la “Asociación de los obreros fabriles rusos” para todo Petersburgo. Para 1905, -como se señaló en la entrega anterior- el movimiento huelguístico desembocó, en huelga general. En medio de esta efervescencia, el cura Gapón propuso en la asociación su plan de provocación; la concentración de todos los obreros el 9 de enero para realizar una procesión pacífica, al Palacio de Invierno, sede del gobierno zarista.

Gapón sería el intermediario, como instrumento de la “Ojrana” (Policía secreta del zarismo). Las peticiones se discutieron en las asambleas obreras. Los bolcheviques que actuaban en ellas clandestinamente, persuadían a los obreros que la única forma de conseguir la libertad, era mediante las armas y no con súplicas y rogativas al zar; previniéndoles de la represión con fuego de que serían objeto. A la vez que introducían las exigencias sobre las libertades de prensa, de palabra y de asociación; igualdad de todos ante la ley; jornada de ocho horas y entrega de la tierra a los campesinos; separación de la Iglesia y el Estado; terminación de la guerra y convocatoria de una Asamblea Constituyente para cambiar la forma de gobierno de Rusia.

En la petición los obreros señalaban que llegaban ante el zar con sus mujeres, niños, padres ancianos e inválidos, a implorar la verdad y su ayuda, porque vivían en la miseria y la opresión; que su trabajo era abrumador, en medio de un tratamiento inhumano; que habiendo sufrido con paciencia, eran empujados a la miseria, la esclavitud y la ignorancia y que ante el despotismo y la tiranía y al haberse agotado su paciencia, preferían morir antes que seguir soportando “tormentos irresistibles…” La marcha obrera dio inicio muy temprano el 9 de enero de 1905, con retratos del zar, estandartes de cofradías, entonando canciones religiosas y desarmados, en una masa compacta de más de 140.000 gentes. Nicolás II les recibió con la orden de disparar sobre los obreros y sus familias indefensos. Las tropas asesinaron a más de mil obreros y más de dos mil resultaron heridos. Las calles de Petersburgo se bañaron con sangre proletaria. Muchos de los bolcheviques que habían desfilado, también cayeron muertos o fueron detenidos.

Los sobrevivientes explicaron a las masas quiénes eran los responsables y cómo había que luchar contra ellos. El “Domingo sangriento” constituye una enseñanza histórica, ideológica y política que fusiló la esperanza ingenua de los obreros en el zar y sus verdugos; de que no es con rogativas y canciones pacifistas de manos vacías, sino con la lucha armada, como se puede alcanzar la libertad y los derechos. El proletariado ruso reaccionó pronto, al anochecer del mismo día, levantando barricadas en los barrios obreros. En todo el país más de 440.000 obreros se lanzaron en huelga contra los crímenes del zar, lo que no había ocurrido en una década de lucha de clases en Rusia, bajo la consigna de “¡Abajo la autocracia!”. Era el preludio de la revolución. Hay una entrevista a un compañero de Patria Roja de Perú, pero, esta de pasarla. Eso lo realizo mas tarde.


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